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viernes, 17 de septiembre de 2010

¿Se puede amanecer antes de que amanezca?


Ray Bradbury, siempre genial, insinúa en uno de sus cuentos que los viajes en el tiempo son una posibilidad.
El cuento en cuestión del demonio creativo de Bradbury es de 1950 y se titula Antes del amanecer.  Lo escribe 35 años después de la publicación de la generalización de la Relatividad especial de Einstein. Con la relatividad especial el espacio y el tiempo se convirtieron en magnitudes físicas relativas a la velocidad relativa. Los dos conceptos se unificaron en uno: el espacio-tiempo definido por la métrica plana de Minkowski. Dicha métrica, invariante bajo las transformaciones de Lorentz, presupone el espacio y el tiempo relativos a la velocidad característica de la Relatividad especial de Einstein (ver La relatividad del tiempo. El tiempo de la relatividad).
Precisamente, de la Relatividad especial se deducen, entre otras cosas, la constancia de la velocidad de la luz, además de la llamada dilatación del tiempo (dilatada a merced de las transformaciones de Lorentz). Pero, ¿de qué modo traducimos al lenguaje ordinario dicha dilatación del tiempo? (Para ampliar este tema se puede consultar el artículo Sobre la dilatación del tiempo y la contracción de longitud de Lorentz-Einstein, y Efecto Doppler y Relatividad del tiempo.) La forma clásica de expresarlo en el lenguaje humano es la indefinida proposición: "los relojes en movimiento andan más despacio", cuya expresión en el lenguaje matemático es más precisa y determinada y se puede ver su concreción en La paradoja de los gemelos de la Teoría de la relatividad de Einstein  (en la fórmula (2) de la página 9):


La mejor manera de explicar esta fórmula relativista es basarnos en la clarividente explicación que ofrece Xavier Terri Castañé en La paradoja de los gemelos de la Teoría de la relatividad de Einstein  (pág. 10) y cito de forma textual:

«Todos los signos son de sobras conocidos. El diferencial de tiempo dt(B) corresponde al “ente” B y el diferencial de tiempo dt(A) corresponde al “ente” A. La velocidad de B con respecto a A es constante, pues se considera que la relatividad especial sólo es válida para los referenciales cuyo movimiento relativo sea rectilíneo uniforme.
La dilatación relativista del tiempo (2) es consecuencia directa de las transformaciones de Lorentz einstenianas, que son las transformaciones asociadas a la métrica (1).
La doctrina relativista sostiene: la constancia de la velocidad de la luz implica apodícticamente la dilatación del tiempo, y la dilatación del tiempo implica apodícticamente la constancia de la velocidad de la luz. Esto es, ambas cosas se coimplican apodícticamente. Tal vez ¿aporéticamente?
Se presupone que la fórmula relativista de la dilatación del tiempo es compatible con la simetría según la velocidad del movimiento rectilíneo uniforme, a saber: si el ente B (referencial, o reloj, u observador, …) se mueve con velocidad uniforme  con respecto al ente A –el cual se autoconsidera en reposo:–, entonces el ente B, en simetría cinemática con respecto de A, también tiene derecho a autoconsiderarse en reposo, y afirmar que es en realidad el ente A el que se mueve con velocidad con respecto a B.
La teoría de la relatividad cree que dicha simetría del movimiento requiere que la fórmula (2) permanezca matemáticamente inalterada (menos por menos es más) bajo el cambio:
    
    
De forma que, si atendemos a la constancia de la velocidad de la luz y su consecuente implicación apodíctica, la dilatación del tiempo (¿por qué no llamarla contracción del tiempo?), sin duda podremos imaginarnos, por qué no, viajando a bordo de una megaultrasónica y megaultrafotónica cápsula espacial, casi a la asombrosa velocidad de la luz —la constante "c"―, entonces, según la teoría de la relatividad el tiempo se "dilatará" y con él se supone que también se modificará la percepción física del "cronos" de los que se queden en tierra. ¿Son "conscientes" los relojes de a bordo de su velocidad con respecto a la tierra? Porque de ser así también serán conscientes, por decir algo, de su velocidad con respecto a la luna, o con respecto, esté ahora donde esté, al balón con que Iniesta derrotó a la selección holandesa, en el pasado mundial de fútbol de Sudáfrica 2010. (Para entender mejor este idea, os aconsejo leer el interesante debate sobre La dilatación del tiempo o dilación de la luz de emagister.com) ¿Por qué los relojes de a bordo "dilatan" su tiempo arbitraria y caprichosamente en función de su velocidad con respecto a la tierra y no en función de cualquier otra posible velocidad relativa? La teoría de la relatividad es absurda. (No estaría de más echarle un vistazo al artículo de vixra.org La relatividad general de Einstein es a lo sumo una teoría sobre la gravitación (errónea).)
El Sr. y la Sra. Smith, los protagonistas del cuento de Bradbury, se dejan caer en un pueblecito de Illinois, una noche de agosto de 2002, en la humilde pensión del Sr. Fiske. Como una aparición surgida del espesor de la hierba mojada, los Smith suben las gradas que los conducen a la pensión, sin equipaje alguno. Con el semblante preocupado del que huye de un mal sueño, suben las escaleras para instalarse en mitad de la noche. Con los Smith también se instalan dos posibilidades: los fragmentos de una vida rota, acunados por el profundo llanto de la mujer, un llanto ancestral, existencial; y la utopía de los viajes en el tiempo y con ella los universos paralelos, los agujeros negros o la paradójica paradoja de los gemelos. (Sería interesante consultar La materia oscura (Dark matter) y las ecuaciones de Einstein en Libro virtual.org)
A mí, con sinceridad, la segunda posibilidad me plantea un profundo océano de dudas. Por ejemplo, ¿se puede viajar hacia el pasado desde el futuro, como asegura el eximio hombre de ciencia S. Hawking? ¿Y si es así, por qué no viceversa? (Para salir de dudas, lo mejor es leerse con tiempo y detenimiento el Extracto de la Teoría Conectada, en bubok.com)
¿No es una carga demasiado onerosa y avasalladora seguir creyendo todavía en la "paradoja del abuelo", aquella en la que un indómito e imprudente viajero tiene la osadía no sólo de retroceder en el tiempo (con el consiguiente riesgo de convertirse en un embrión biológico, o en nada,  durante el transcurso de ese extraño viaje), sino de asesinar a su propio abuelo, de manera que, irremisiblemente, el viajero quedaría condenado al "no viaje", puesto que el asesinato de su antepasado lo convertiría en un "no nacido". Pero, si no ha nacido, ¿cómo ha viajado hasta allí? Parece que el viajero imprudente se encuentra con una aporía irremediable.
Pero, ¿cómo resolver este cul de sac?
La explicación más simple es siempre la más probable, y la mejor probabilidad sería buscar una teoría de la física que fijase la invariancia universal de las leyes físicas. El primer paso, ineludible, debería eliminar la dicotomía entre observadores inerciales (no acelerados y sin movimiento de rotación absoluto) y observadores no inerciales (acelerados y con movimiento de rotación absoluto) que la física actual de los pasados siglos se empecina en "preservar".
¿Acaso no sería mucho más acertado establecer diferentes clases de movimiento antes que diferentes clases de sistemas de referencia (ver el artículo bilingüe publicado en vixra.org El nuevo principio de inercia. (El fin del espacio absoluto y de los sistemas inerciales) o diferentes observadores? ¿Acaso no puede cualquier observador considerarse en reposo y escoger su "ritmo propio" como referencia temporal propia con la que determinar, relacionalmente, las evoluciones temporales ajenas?
Ahora volvamos de nuevo a los Smith. El detonante de sus desgracias tiene nombre propio, Lionel Westercott, y una fecha de nacimiento, 2000. Ese tal Westercott es el exiguo personaje que obligará a los Smith a retroceder sus relojes hasta el año 2002.
Los Smith son hermosos y distinguidos, pero extraños: lucen ropa sin costuras, arrugas alrededor de la boca que les confieren un aspecto de cansancio crónico. Usan pañuelos ignífugos y en su habitación tienen tres relojes, además de tres calendarios del año 2035. Son limpios y racionales. "La situación era loca, pero ellos no. Todo lo relacionado con ellos era loco, pero no ellos mismos."
El ruido de los aviones los asusta. Mas, después de su huída hacia atrás en el tiempo, los asedia el peor de los temores: no saben dónde están ni cómo llegaron hasta allí.
El protagonista (quizás el propio Bradbury) es el único que parece comprender el embrollo en el que están inmersos los Smith, y cree intuir cómo han llegado hasta allí. Para reafirmarse en sus convicciones hace una incursión, en plena noche, a la oscura biblioteca del pueblo, el único lugar que dará luz a sus sospechas. La documentación da sus frutos, y se detiene en el nombre de "William Westercott, político, New York City. Casado con Aimee Ralph en enero de 1998. Un hijo, Lionel, nacido en febrero de 2000". Lionel sería presidente de los Estados Unidos en 2035...
Convencido ya de lo que ocurre, se dirige a casa, de mañana, con la sola compañía de un cielo negro poblado de estrellas brillantes. Detenido frente a la casa dormida, vuelve a escuchar el llanto de la mujer. Sin duda parece haber tenido otra pesadilla. "Las pesadillas son memoria, se basan en cosas recordadas de manera vívida y horrible y con demasiados detalles [...]."
Mientras todo sigue en calma, él ha descubierto que los Smith vienen de otro momento, de otro contexto. Y lo peor de todo, que no tienen pasado, porque su pasado es, en realidad, el futuro. Así expían su pecado. Así sufren su condena esos viajeros del futuro.
El protagonista se acuesta y parece comprenderlo todo. Le aterroriza que por la mañana vuelva a salir el sol. En su mente todo ha amanecido con precisa clarividencia. Sin embargo, ¿se puede amanecer antes de que amanezca? ¿Puede ser el futuro pasado? ¿Y viceversa? ¿Existiría una simetría perfecta en ese viaje del futuro hacia el pasado con un viaje del pasado hacia el futuro? ¿Acaso el protagonista se erige como un observador privilegiado, frente a dos observadores, mucho menos "privilegiados", que han sufrido las consecuencias de un futuro próximo? ¿Acaso no viajamos siempre en el tiempo, en ese "todo fluye" de Heráclito?
Parece que no existe una explicación plausible. La relatividad no convence. ¿Se puede o no viajar desde el pasado hacia el futuro? Sólo a través de la literatura, y, desde finales del siglo XIX, a través de cinematógrafo podemos retroceder hacia estadios pasados, que desde luego no nos servirán para alterar lo que acontecerá después. Pero eso no deja de ser fabular por fabular. La física debería hablar de viajes físicos, no mentales, aunque lo físico acabe configurando el espacio mental.
Olivia Radop
Septiembre de 2010

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